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Servivio de apoyo psicológico y social durante la crisis del coronavirus
ONG de Infancia a favor de los niños más vulnerables de Andalucía
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El COVID-19 y sus consecuencias en la pobreza infantil

La actual emergencia social en la que se encuentra sumergida España y gran parte de los países del mundo pone en alerta a una parte importante de la población: aquella que se encuentra en una situación vulnerable, con trabajos precarios y con menores a su cargo. Una realidad que requiere de una actuación conjunta y rápida y, sobre todo, de la implicación y solidaridad tanto de las ONGs de Infancia como de la ciudadanía.

En España, en la actualidad, hay más de 10 millones de personas que se encuentran en riesgo de pobreza y exclusión social. Entre estas cifras se encuentran los trabajadores empobrecidos que cuentan con menores a su cargo. Estas familias no siempre cuentan con una red de apoyo —familiares, amigos, compañeros de trabajo—, pero sí que tienen una carga de responsabilidades muy alta: hijos e hijas a su cargo, hipoteca o pago de alquiler y suministros que afrontar, así como otros gastos relacionados con la cotidianidad de un hogar. Esta crisis, de la que solo llevamos 9 días de confinamiento, se ha llevado por delante a más de 18.100 trabajadores en Andalucía. Tras la crisis del COVID-19, todas las previsiones nos indican que una gran parte de esta población asalariada perderá su trabajo en las próximas semanas. Y hemos de tener en cuenta, como no, el impacto directo que estas nuevas situaciones de desamparo y precariedad tendrán en la infancia y en las actuales cifras de pobreza infantil que ya existían antes del estallido del COVID-19.

Por sectores laborales, durante la actual emergencia social, se augura que el sector servicios, entre otros, verá debilitado sus ingresos, afectando a miles de familias a causa del desempleo. Esta realidad tendrá consecuencias alarmantes en la economía andaluza —por depender, en gran medida, del turismo— y, en especial, en las familias y los menores. En este sentido, a las ya alarmantes cifras de población en riesgo y/o situación de pobreza en Andalucía (cerca de 2,5 millones de andaluces), se le suma el que somos una de las comunidades con la tasa de pobreza infantil más alta (afectando a casi 600.000 menores), pero todas las previsiones indican que estos datos aumentarán durante este año y el próximo si la economía no encuentra una formula real y factible para gestionar las consecuencias de esta crisis sanitaria.

Hablar de desempleo y de crisis es hablar del aumento de menores que conocerán las consecuencias de la pobreza y la exclusión social. Ya en 2008, año de comienzo de la primera crisis económica, las cifras indicaban cómo estaba afectando la crisis económica a los menores, quienes vivían en hogares que no podían hacer frente a gastos imprevistos (45,1%), mantener la temperatura adecuada en el hogar (8%) o disfrutar de una semana de vacaciones al año (53,7%). Estos días, en los medios de comunicación, numerosos analistas económicos hablan de recesión, y por consiguiente, de crisis económica. Si volvemos a vivir esta realidad, nos arriesgamos a cronificar durante años la pobreza infantil en nuestra Comunidad.

Ya estamos siendo participes y conscientes de las desiguales que se generan en nuestro territorio cuando nos vemos obligados a estar confinados en nuestros hogares sin poder acceder a los recursos de los que venimos dependiendo. En el caso de las familias más vulnerables, son vitales estos recursos. No todas ellas tienen internet ni tampoco tienen en sus vidas incorporada la necesidad o la posibilidad de contar con las últimas tecnologías para garantizar la mejor educación a sus hijos —pues en los colegios e institutos ya se lo proveen—, por lo que no en todas hay dispositivos para garantizar que estén accediendo en igualdad de condiciones a la educación que se merecen—, y, por supuesto, no todas ellas cuentan con referentes familiares que puedan ofrecerle un apoyo y refuerzo en la educación. 

Esta estas circunstancias las personas que se ven más afectadas vuelven a ser los colectivos más vulnerables: los menores, las familias monomarentales (que cuenta solo con un adulto en el hogar, la madre) y los jóvenes. Y para ello es de vital importancia contar con ONG de Infancia, comprometidas por frenar las consecuencias que pueda tener la pobreza en sus vidas. Ofrecer un apoyo que impulse sus vidas tras estas adversidades, en especial en la vida de cientos de niños y niñas.

Inserta Andalucía acompañará a estos menores durante su desarrollo, con el objetivo de detener las consecuencias que esta emergencia social pueda tener en sus vidas o en la de sus progenitores. Por eso, hemos creado «Protegiendo el futuro», un programa que tiene como principal objetivo erradicar las posibles consecuencias que la crisis del COVID-19 pueda tener sobre sus vidas. Garantizaremos que puedan tener acceso a una comida saludable al día, que no abandonen su educación así como que cuenten con un apoyo psicológico, para que la situación familiar no les acabe pasando factura.

Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas. 

Cifras expuestas por el Vicepresidente de la Junta de Andalucía a 23 de marzo de 2019