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Servivio de apoyo psicológico y social durante la crisis del coronavirus
ONG de Infancia a favor de los niños más vulnerables de Andalucía
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¿Cómo influye el Coronavirus en la ansiedad?

Nos encontramos delante de una situación de crisis y emergencia, no conocida, imaginada ni experimentada previamente. El hecho de no poder anticipar algo o simplemente no conocerlo, nos aboca a la incertidumbre. La incertidumbre es una de las emociones más complicadas de gestionar por un hecho muy simple: no hemos tenido tiempo de preparar a nuestro cuerpo y mente para afrontarlo.

Mantener la calma ante la incertidumbre pasa por no querer controlar la incertidumbre. Dicho más claro, cuando tenemos delante una situación que se nos escapa de las manos, tratamos de controlarla y ese, es el primer paso que nos acerca a la ansiedad.

La ansiedad es la respuesta que ofrecemos cuando, como personas, algo hace que nos sintamos amenazadas. Es importante destacar que la ansiedad no funciona como una respuesta que nos facilita adaptarnos al medio, pues normalmente lo que nos suele amenazar en nuestro día a día no pone en riesgo nuestra vida. Ejemplos de ello pueden ser: la pérdida de trabajo, una discusión, suspender un examen muy importante, una ruptura sentimental… Pueden ser momentos de crisis, pero no ponen en riesgo nuestra vida. Hasta que llega el Coronavirus.

 

¿Cómo influye el Coronavirus en la ansiedad?

 

1. Pone en riesgo nuestra vida. Es una amenaza real que cada vez se está cobrando más vidas. Aunque la población en riesgo sean personas mayores y/o con patologías previas, ya están saliendo noticia que también se está llevando la vida de personas con edades más tempranas y sin ningún tipo de patología. ¿Y si me toca? ¿De qué manera responderá mi cuerpo?…

2. Nos aboca a la incertidumbre. No poder controlar o anticipar algo nos genera ansiedad. Si de normal cuando nos acontece algo que no teníamos previsto pero aun así teníamos referencias de que nos había pasado algo, nos genera ansiedad… Imaginad la ansiedad generada por algo que NADIE anticipó y que aun estamos en un momento en el que el virus va muy por delante de nosotras/os.

3. Sensación de falta de libertad. Nos puede gustar quedarnos en casa, pero siempre que es una decisión nuestra. Estar en casa se ha convertido en algo obligatorio, no opcional. Esto nos sitúa justo delante de la queja.

4. No conocemos su fecha de fin. Las rutinas, la organización y los horarios nos dan seguridad. Conocer la fecha de inicio y de fin es un goce para nuestro cerebro. Lo contrario se convierte, en regodeo para nuestra ansiedad.